KENJI MIYAZAWA (1896-1933)

“Austero, generoso, de amplios horizontes y adelantado a su tiempo, entregado a buscar el bienestar y felicidad de los demás”- podrían ser unas breves pinceladas para retratar el cáracter y la obra de Kenji Miyazawa 宮沢賢治, uno de los autores clásicos más entrañables y queridos por los japoneses; sus obras son tan apreciadas por pequeños como por mayores desde sus distintas formas de percibir y comprender el mundo mágico del autor, que mezcla elementos fantásticos, espirituales, filosóficos y de crítica social junto con un intenso afecto y sentimiento de fusión con la naturaleza.

Los críticos coinciden en que fue un escritor muy avanzado para su época por su pensamiento humanista, que la sociedad japonesa acababa de descubrir, evidenciado en todos sus relatos y poemas como una constante reflexión sobre el corazón humano y sus emociones, y mostrado a través de las vivencias de las plantas, animales o inocentes personajes rurales o fantásticos.

Su obra contiene símbolos y referencias a costumbres y tradiciones difíciles de entender para el extranjero. Sin embargo, puesto que el alma humana es universal y cualquier tema bien planteado puede sobrepasar las fronteras del tiempo y el espacio, las diferencias culturales no son un obstáculo para disfrutar de las obras de Kenji, que se deben leer con los ojos del alma para dejarse transportar a su mundo mágico con el espíritu abierto.

Kenji Miyazawa nació el 27 de agosto de 1896 en Hanamaki 花巻, en la prefectura de Iwate 岩手, a unos 500 kilómetros al norte de Tokio 東京. En 1918 terminó sus estudios en la Escuela de Agricultura y Silvicultura de Morioka 盛岡 y se especializó en química agrícola. Aunque su familia era de comerciantes acomodados y su padre regentaba una casa de empeños, creció en una sociedad empobrecida por la guerra ruso-japonesa, (1904-1905), así como por las frecuentes heladas e inundaciones que causaban hambre endémica entre los agricultores de la zona. Durante esos años terribles, los niños iban a la escuela sin haber comido y muchas jóvenes eran vendidas como prostitutas por sus familias. Estas circunstancias, además de haber sido educado en un budismo ferviente, que le inculcó la idea del autosacrificio por el bienestar de los menos favorecidos, le impulsaron a ayudar a los campesinos locales a través de su profesión de ingeniero agrónomo.

Kenji empezó a escribir desde joven. A los veintiún años ya publicaba cuentos ingenuos y humorísticos en periódicos locales, pero no fue hasta cinco años más tarde, tras la muerte a los 25 años por tuberculosis de su hermana menor, Toshiトシ, cuando entró en una etapa de activa producción literaria, de la que datan los relatos aquí presentados. Según nos relató Yuzo Miyazawa 宮澤雄造, director del Museo de Kenji Miyazawa 宮沢賢治記念館 y yerno adoptivo de Seiroku 清六, hermano de Kenji, la muerte de Toshi supuso tal golpe para Kenji que pasó varios días encerrado en un armario empotrado. La muerte de su amada hermana, con quien tantos juegos había compartido y a la que tanta confianza le tenía, arrancó del pincel de Kenji algunos de los más desgarrados y sentidos poemas de la literatura japonesa, Eiketsu no asa 永訣の朝 “La mañana de la despedida” y Matsu no hari 松の針 “Agujas de pino”, comparables en intensidad a la hermosísima “Elegía a Ramón Sijé” de Miguel Hernández y al grandioso “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico García Lorca en la literatura española.

Además de escribir y asesorar a los agricultores para enseñarles nuevas técnicas de cultivo, mejorar sus cosechas y librarles de la pobreza, Kenji se unió a un grupo de jóvenes progresistas con los que discutía problemas de la comunidad y escuchaba música clásica –el gramófono y la colección de discos de Beethoven, así como su violonchelo y su microscopio, todavía se conservan en el Museo de su ciudad natal. Sin embargo, este tipo de actividades tan refinadas para el ambiente rural japonés de aquella época, finalizaron debido a que el creciente militarismo de Japón en los años veinte causó una ola de atentados anarquistas contra los que el gobierno reaccionó prohibiendo cualquier tipo de reuniones.

En los empobrecidos campos del norte de Japón en las primeras décadas del S. XX, donde nadie sabía quien era Beethoven, además de dedicarse a la actividad literaria, Kenji conocía muy bien la literatura universal, la música clásica europea (como lo demuestra su obra “Gauche, el violoncelista”), él mismo tocaba el violonchelo, era compositor, profesor, pintor, científico, estudiaba esperanto e inglés, asistía a las clases de doctrina cristiana que impartía un misionero norteamericano, ejercía su profesión de ingeniero agrónomo, hacía experimentos con el fin de mejorar el rendimiento de los abonos químicos, escribió varios tratados de agricultura, etc...

Kenji fue una persona dotada de un talento muy especial, una visión universal y alguien verdaderamente insólito y excepcional para su época. Sin duda, es uno de los autores clásicos más populares y queridos en Japón, donde su obra y su vida se han llevado al cine en numerosas ocasiones, y a pesar de que ha sido traducido a numerosos idiomas, todavía es muy poco conocido en Occidente.

A los 32 años enfermó de tuberculosis y tuvo que abandonar su trabajo de ingeniero; pero continuó escribiendo hasta su muerte, cinco años más tarde, el 21 de septiembre de 1933, pocos días después de haber cumplido los 37 años.

Ese día, todos los años se celebra en su honor la “Fiesta de Kenji” 賢治祭 un gran festival en el que se recitan sus poemas, se interpretan sus composiciones musicales y sus obras son representadas por niños y mayores. El auge y vigencia de que goza Kenji no es mera coincidencia: en una sociedad moderna que nos obliga a competir y a ser racionales sin tregua, la magia de sus relatos invita a ver más allá de nuestra existencia cotidiana y a soñar para aprender a vivir con mayor sencillez y alegría.

Como pudimos comprobar en nuestra visita a Hanamaki, todos los habitantes de esta pequeña ciudad, ahora de unos 60.000 y mucho más pequeña en la época de Kenji, están orgullosos de que allí naciera un escritor tan popular como universal.

“Estoy en el huerto de abajo” Kenji

En Hanamaki, su ciudad natal, se conservan numerosos lugares tal y como estaban en la época de Kenji. Aquí podemos ver un mensaje de su puño y letra, firmado con su nombre y conservado en un tablón.

Características de la obra de Kenji Miyazawa

Una de las constantes de su obra son los elementos fantásticos. Sus protagonistas son seres humanos con características sobrenaturales o vegetales, animales como conejos, tejones, pájaros, personajes, rurales, etc., todos mezclados formando una especie de armónica orquesta. La mayoría de sus relatos no están exentos de humor, recurso que maneja con gran arte y sabiduría y en su obra aparecen escenas divertidísimas, entrañablemente graciosas e incluso salpicadas de una fina ironía.

Otra de las características de sus relatos es el fin didáctico, razón por la cual suelen llevar una moraleja explícita o implícita. Veamos un ejemplo en la escena final de “La gema de fuego”, incluida en esta antología y protagonizada por el conejito Homoi:

-Los ojos de Homoi se habían vuelto opacos y blanquecinos, como antes la gema, y no podía ver nada. Desde el principio, la madre no había parado de llorar. El padre estaba reflexionando con los brazos cruzados.

-Anda Homoi, deja de llorar- dijo, dándole unas palmaditas en la espalda- Una cosa así puede ocurrirle a cualquiera. Lo importante es que hayas aprendido la lección. Sin duda, tus ojos se curarán. Ya me ocuparé yo de ello. Anda, anda, no llores más.

Más allá de la ventana la niebla se había levantado, las hojas de los lirios del valle brillaban, y las campánulas hacían sonar su campaneo matinal.

Traducción de Montse Watkins

Una de las características fundamentales de la literatura japonesa es el mono no awareものの哀れ, literalmente “la compasión por las cosas”. Este sentimiento se refiere a aquello que nos constituye y da sentido a nuestra existencia, tiñéndola del profundo dolor y emoción que nos produce la conciencia de lo efímero, la insondable e inefable belleza de la fragilidad de las cosas. Sin embargo, no se trata de un sentimiento exclusivo de la cultura japonesa como a veces se ha dicho; es universal aunque la forma de expresarlo pueda diferir bastante. La mejor prueba es que puede considerarse equivalente a lo que Antonio Machado denominó “La emoción de las cosas” y a lo que Virgilio denominara Lacrimae rerum (Sunt lacrimae rerum et mentem mortalia tangum): “Hay lágrimas en las cosas y tocan a lo humano del alma”. (Libro I de La Eneida, verso 462). Tschudin y Pigeot lo traducen al francés como “la beauté poignante des choses fragiles”.

Según Rodríguez-Izquierdo “Aware 哀れ surge cuando el momento evoca una tristeza más intensa, nostálgica, relacionada con el otoño y el desvanecimiento del mundo. Aware es el eco de lo que ha pasado y de lo que se ha amado, con una especial resonancia que ennoblece ese recuerdo. No es mera pena, ni mera nostalgia”.

Las obras de Kenji están impregnadas de “mono no aware” en todos y cada uno de sus párrafos. Veamos a continuación un ejemplo en la escena entre un padre y un hijo en “El pequeño ganso”, incluido asimismo en esta antología:

-El niño lanzó una mirada furtiva hacia la pupila marrón de la mamá del potrillo y, de repente, se abrazó a su padre y se echó a llorar. Entonces, Suriya, en lugar de reprenderle, cobijó la cabeza del pequeño bajo la ancha manga de su kimono para consolarle. Tras alejarse de aquel mercado, fueron a sentarse en la orilla de un río sobre la verde hierba.

Suriya le ofreció unos albaricoques y, con gran dulzura, le preguntó: “¿Por qué has llorado antes?”, a lo que el niño respondió: “!Porque querían llevarse el potrillo a la fuerza, papá”. “Tratándose de caballos es normal. Como ya se ha hecho mayor, debe trabajar solo”, explicó el padre. “!Pero todavía estaba mamando!” replicó el niño. “Si se queda siempre junto a su madre, no aprenderá a defenderse solo”, añadió Suriya, a lo que el pequeño replicó de nuevo: “Pero, papá, tanto a la mamá como a su potrillo les harán transportar pesadas cargas y les llevarán a peligrosas montañas. Después, cuando a sus dueños les falten alimentos, se los comerán”.

Traducción de Elena Gallego

Dificultades en la traducción de Kenji Miyazawa

Aunque pueda parecer lo contrario, Kenji Miyazawa es un autor bastante difícil de comprender y traducir y sus relatos distan mucho de ser considerados infantiles.

En primer lugar, al ser oriundo de la región de Tohoku 東北, al norte de la isla principal de Japón, aparecen numerosos dialectalismos de esta región en sus obras. Sin embargo, supone un inefable placer estético escuchar sus relatos recitados magistralmente por su paisana, la entrañable actriz Teruko Nagaoka 長岡輝子, recientemente fallecida en el año 2010, puesto que en los dialectos y en su entonación aparece reflejado el profundo mundo afectivo y emocional del lugar donde se hablan.

Otra dificultad es que a Kenji, que amaba profundamente las lenguas y tenía un riquísimo mundo interior propio y una aguda sensibilidad, le encantaba inventar palabras o traducir al japonés por primera vez conceptos procedentes de otras culturas.

Otro problema es el referente a la flora y fauna: como ingeniero agrónomo, Kenji conocía detalladamente innumerables minerales, especies animales y vegetales que no existen en Occidente y que menciona a menudo en sus obras. Watkins solía poner el ejemplo del mejiro 目白, que aparece en el relato “El pájaro estrella” (Yodaka no hoshi), diciendo: “¿Cómo va a poder imaginar el lector la delicada avecilla si nos conformamos con poner el nombre en latín de zosterops japonica? Al tratarse de especies únicamente japonesas, la única solución es añadir una descripción en una nota a pie de página después del nombre científico: “Pequeño pájaro color verde oliva con un círculo blanco alrededor del ojo”.

Otra dificultad aparece en la cantidad de onomatopeyas que usa en sus relatos, pero no nos referimos solamente a las habituales en cualquier lengua que imitan voces de animales y llamadas en japonés giseigo 擬声語, sino a las que reproducen sonoramente situaciones insonoras gitaigo 擬態語 para hacerlas más expresivas. Este recurso, muy frecuente en japonés y utilizado magistralmente por Kenji, confiere a sus historias una extraordinaria vivacidad y expresividad muy difícil de expresar en otra lengua.

Por otra parte, es importante conocer el contexto histórico-social; Kenji utilizaba sus relatos como arma para denunciar las injusticias sociales: Calamus gladio fortior. A nadie se le escapa quien es el tirano que describe en “Ozbel y el elefante” o a quienes encarnan los dos cazadores de “El mesón con muchos pedidos” dado que Kenji fue un precursor y defensor de los derechos humanos, la ecología, la lucha contra la explotación laboral, la violencia, el maltrato hacia los animales, etc., conceptos desconocidos para la época.

La mejor prueba de que el complejo y profundo mundo de Kenji, lleno de alusiones, alegorías y metáforas, resulta difícil de entender incluso para los japoneses es que hay numerosos diccionarios sobre su obra, por ejemplo, en 1989 apareció un grueso tomo titulado Diccionario de terminología de Kenji Miyazawa que analiza o ofrece claves sobre su universo, su vocabulario, en el que tanto podemos encontrar palabras procedentes de lenguas occidentales, incluso en latín, como orientales como el sánscrito, términos científicos, budistas, hinduístas, etc.

Sin embargo, traducir sus obras y sumergirse en su mundo es una experiencia fascinante para tratar de transmitirlo con toda su pureza y originalidad a los hispanohablantes.

Montse Watkins, traductora de Kenji Miyazawa

Montse Watkins fue la pionera en la traducción de Kenji y otros escritores japoneses al español y hasta ahora la única editora y traductora de japonés al mismo tiempo: “Cansada del silencio sepulcral de las editoriales españolas cuando les enviaba las traducciones de Kenji y otros autores clásicos japoneses (a mediados de la década de los noventa), decidí fundar una editorial en español en Japón, a pesar de las enormes dificultades que dicho proyecto conllevaba, para hacer realidad mi sueño de difundir la literatura japonesa”.

La primera edición de Tren nocturno de la vía láctea, la obra más representativa de Kenji, fue publicada con gran éxito en Japón en el año 1994, hubo una segunda edición en 1996 y fue el primer libro que publicó su recién fundada editorial Luna Books, en la que llegó a publicar más de veinte libros.

Montse, mi gran amiga, con la que colaboré como traductora en Luna Books, falleció el 25 de noviembre de 2000 a la edad de 45 años como consecuencia de una enfermedad terminal que le había dado el coraje y la valentía de llevar a cabo esta obra titánica en el tiempo récord de seis años.

Y me contaba que descubrió a Kenji por casualidad, como surgen las grandes cosas de la vida. Visitó en Tokio una exposición de Kunio Sato 佐藤国男, grabador especializado en ilustrar su obra. Quedó muy impresionada por los grabados y pensó que si los cuentos eran tan bellos como los dibujos sería muy interesante traducirlos al español.

Página web de los dibujos de Kunio Sato 佐藤国男, especializado en la ilustración de las obras de Kenji Miyazawa  http://www.yamanekokoubou.com/

Nuestro agradecimiento para Kunio Sato por su generosa autorización para ilustrar con sus dibujos las tres antologías de Kenji Miyazawa que publicó Montse Watkins.

Uno de los grandes atractivos de Kenji para Montse era que su obra, en la línea de El Principito de Saint Exupéry, es igualmente interesante para niños y adultos y puede convertirse en patrimonio universal, como lo es aquélla.

Montse tenía una relación muy especial con Kenji. Decía que tras conocer su trayectoria personal, su carácter y su grandísima humanidad había decidido traducir su obra al español hasta el último aliento que le quedara de vida. Publicó en total tres antologías suyas, la segunda se tituló Historias Mágicas y en la tercera El mesón con muchos pedidos colaboramos traduciendo cada una la mitad de los relatos. La presente antología contiene relatos de ambas, que son algunos de los más representativos y entrañables del autor.

Cuando le preguntaban por qué había elegido a Kenji, respondía que ella pensaba que Kenji le había elegido a ella como traductora de su obra. “Como dice la expresión japonesa en ga aru 縁がある -decía- hay una predestinación entre Kenji y yo. Incluso hay muchos paralelismos curiosos en nuestras vidas –los dos nacimos el mismo día, estudiamos la misma carrera- y tenemos una personalidad parecida”.

Investigadora incansable, como preparación para sus traducciones, Montse consultaba a expertos, leía bibliografía en japonés y conversaba largamente con los familiares y amigos de los escritores. Así fue como hicimos gran amistad con la nieta de Ogai Mori, la hija de Saneatsu Mushanokoji, el nieto de Shiga Naoya, el bisnieto de Lafcadio Hearn, etc. En el caso de Kenji, conversó largamente con su hermano menor, Seiroku: “Quisiera compartir el resultado de este trabajo con el lector, niño o adulto, e invitarle a la lectura de estos relatos para alejarse de la realidad por unas horas y volver a ella con el corazón alegre”- escribía Montse en la introducción de estas antologías, cuyo texto he tomado como base para escribir este prólogo.

En otro viaje a Hanamaki, ciudad natal de Kenji y donde se conservan casi todos los lugares que él frecuentó, Yuzoo Miyazawa, yerno adoptivo de Seiroku y director del Museo, nos contó entrañables historias familiares y sabrosas anécdotas ilustrativas de la vida y obra de Kenji, relatos rebosantes de detalles aparentemente banales que reflejan la verdadera esencia y dimensión humana de la literatura.

En Hanamaki nos sorprendieron muchas cosas: la tienda de música donde Kenji compraba los discos de Beethoven todavía se conservaba, pero lo que más nos impresionó fue su tumba: estaba completamente cubierta de nieve... pero también de flores.

Siempre está llena de flores la tumba de Kenji”- nos decía todo el mundo.

Comprendimos que había muchísima gente en todo Japón y en todo el mundo a la que Kenji había hecho inmensamente feliz, igual que a Montse y a mí, a través de sus obras y fuimos conscientes una vez más de hasta qué punto la buena literatura puede mejorar o cambiar la vida de las personas.

Montse Watkins, Kamakura, septiembre de 2000 y
Elena Gallego, Tokio, octubre de 2014

La traducción de los relatos se basa en las ediciones publicadas por la editorial Iwanami Bunko, Tokio, 1996, con motivo del Centenario del nacimiento de Kenji Miyazawa.

EPÍLOGO

La publicación de esta antología, dedicada a la memoria de la escritora y traductora Montse Watkins, junto con su traducción de su poema favorito de Kenji, quiere rendir un homenaje a la vida y a obra de ambos, por su generosidad, altruísmo y amplitud de miras.

SIN DEJARSE VENCER POR LA LLUVIA

Kenji Miyazawa vivió según el ideal budista de no matar para mantener la existencia propia y su vida sencilla estuvo llena de sueños y esfuerzo en luchar por los demás. El poema “Sin dejarse vencer por la lluvia” Ame ni mo makezu 雨にも負けず, escrito a los treinta y cinco años, refleja la esencia de su pensamiento. Con él nos invita a ver más allá de nuestros intereses cotidianos, a no dejarnos vencer por las adversidades y a vivir con un corazón fuerte y generoso:

Sin dejarse vencer por la lluvia,
sin dejarse vencer por el viento,
ni por la nieve
ni por el calor veraniego.

El cuerpo fuerte, sin ambición,
ni asomo de ira,
siempre tranquila la sonrisa.
Cuatro cuencos de arroz integral al día,
solo con miso y alguna verdura,
ésta es su comida.
Nunca pensar en sí mismo,
esmero al mirar y al escuchar,
para nunca olvidar.

A la sombra de un bosque de pinos,
en la pradera,
su cabaña con techo de paja.
Si al este hubiera un niño enfermo,
irá a cuidarlo.
Si al oeste una madre se fatigara,
cargará su gavilla de paja.

Si al sur alguien estuviera muriendo,
irá a consolarle.
Si al norte pelearan o discutieran,
pondrá paz.

Cuando haya sequía, llorará con pesar.
En el verano frío, saldrá a deambular.
Todos le tratan de inútil.
Nadie le elogia, a nadie causa dolor.
Alguien así quiero ser yo.

Traducción de Montse Watkins

Manuscrito de “Sin dejarse vencer por la lluvia” Ame ni mo makezu 雨にも負けず

En marzo de 2001, Elena Gallego organizó en el Teatro Principal de la ciudad de Burgos una presentación de la vida y obra de Kenji Miyazawa, a través de sus traducciones y las de Montse Watkins, junto con un recital bilingüe español-japonés de los poemas del escritor.

Véase en YouTube la recitación de Gallego en ambas lenguas del famoso poema “Sin dejarse vencer por la lluvia”, el más famoso y entrañable poema para los japoneses:
http://www.montsewatkins.net/recital1.html

“Donde hay un sueño, hay un camino”
Elena Gallego,

Tokio, octubre de 2014

LA MAÑANA DE LA ETERNA DESPEDIDA

(永訣の朝、Eiketsu no asa)

Hermanita mía,
que en la mañana de hoy
te has de marchar lejos.

Está lloviendo aguanieve,
y la faz de la tierra
se ha vuelto extrañamente luminosa.

Aunque llueva copiosamente,
te tienes que marchar,
¿no es cierto?

Desde las nubes
-más lúgubres aún
por su tinte rojizo-
la aguanieve
llueve abundante, y sin pausa.

Aunque llueva copiosamente,
te tienes que marchar,
¿no es cierto?

Para traerte agua-y-nieve,
que va a ser tu comida,
en estos dos tazones
descascarillados
que ostentan el diseño
de unas azules flores
de “junsai”, me he lanzado
-al punto, como bala
de una escopeta curva-
hacia esas tinieblas
donde cae la aguanieve.

Aunque llueva copiosamente,
te tienes que marchar,
¿no es cierto?

Desde las oscuras nubes
plomizas, la aguanieve
cae copiosa, sin pausa,
para venir a hundirse
luego en el lodo.

Toshiko, hermanita:
Ya que el momento te llega
de partir, me has pedido,
que te traiga un tazón
de esa liviana nieve.

Hermanita mía,
yo me siento agradecido
por tu ejemplar entereza.
pues yo a mi vez,
tampoco voy a desviarme
de mi camino.

Aunque llueva copiosamente,
te tienes que marchar,
¿no es cierto?

Buscando tú una tregua
entre esa fiebre tuya
atroz, fortísima,
y esos jadeos,
me has dirigido a mí
esta súplica:

Deseas un tazón
de la última nieve
caída desde un cielo
que hoy domina sobre
el llamado “universo”;
la vía láctea y el sol,
y nuestra atmósfera...

... Es una aguanieve
que se quedó estancada y solitaria
donde se alzan
dos losas de granito.

Y sobre estas líneas me puse
de pie, retando al riesgo,
resuelto a conseguir
ese último alimento
para mi buena hermana:
ese manjar que viene
de las lustrosas ramas del pino,
repletas a su vez
de unas gélidas gotas
transparentes,
que en su blancor preservan
la doble índole
de la nieve y el agua.

En tanto que nosotros
crecimos los dos juntos
nos hemos hecho a ver
este par de tazones
con su diseño añil.

Pero incluso de ellos
te habrás de separar
hoy ya.

¿De veras, de verdad,
te tienes que ir tú sola?

Ay, hermanita mía,
que con tanta presencia
de ánimo, contemplas
cómo te arde de fiebre
tu gentil cuerpo pálido;
aquí enclaustrada
en tu cuarto de enferma,
tras el biombo oscuro,
tras ese mosquitero.

Esta nieve de ahora,
ya elijamos el sitio que elijamos
en torno nuestro...,
por ella todo aquí
luce más blanco.

Cuando vayas a renacer
de nuevo en nuestro mundo
que tú, hermana, esta vez
estrenes una vida
sin tantas cosas malas.

Y yo ahora pronuncio mi plegaria
de todo corazón,
ante la nieve de estos dos tazones
que va a ser tu alimento:

Yo pido muy de veras,
poniendo en ello el alma
que esto se nos transmute
a ti y a mi en manjar
del gran cielo de Buda;
y así nos brinde ahora
su sagrado alimento.

Manuscrito de "La mañana de la eterna despedida" Eiketsu no asa 永訣の朝、

LAS AGUJAS DEL PINO

(松の針、Matsu no hari)

He recogido un poco
del reciente aguanieve,
junto con unas ramas de aquel precioso pino.

Y, ¡qué cosa! Tú ahora,
como saltando de improviso
has aplicado ya
a tu mejilla enfebrecida
este verde ramaje.

Al dejarte pinchar
la tez salvajemente
por las verdes agujas
vegetales del pino,
lanzándote además
con toda el ansia tuya...
¡de qué fuerte manera
nos sorprendiste a todos!

Pues es que, hasta ese punto
deseabas tú irte
hacia el bosque.

Mientras que tú te hallabas
ardiendo en alta fiebre,
sudorosa, angustiada
de dolor,
yo estaba en un lugar
donde el sol brilla, y
allí agradablemente
discurría mi quehacer.
En tanto yo pensaba
en las demás personas,
caminaba sin rumbo
por los inmensos bosques.

“¡Oh, qué genial!”
-pensarás tú sin duda-
¡eso es sentirse nuevo!
¡Es como si yo misma
me internara en los bosques!”

Tal como un pajarillo,
como una ardilla misma...,
de tal manera tú
ansiabas el bosque.
¡Y hasta qué punto
no te daría yo envidia!

Hermana mía,
que en este día de hoy
te me vas a ir lejos:
¿En verdad tú solita
emprenderás la marcha?

Pídeme, te lo ruego,
que te haga compañía
en esa tu partida.
Dímelo así, hablándome
entre lágrima y lágrima.

¡Qué lástima de verte
esa cara tan lívida!
Pero, aún así, ¡qué hermoso
el día que tenemos!

En tu mosquitero verde
voy a dejar esta rama
toda fresca de pino.

Incluso ahora
seguirá goteando,
Y con eso, un aroma
-vivificante esencia
de trementina-
flotará por el aire.

Traducción: Fernando Rodríguez-Izquierdo en colaboración con Fumio Aoki.

Nuestro agradecimiento para el profesor Rodríguez-Izquierdo por su autorización para reproducir en esta página su traducción de los poemas de Kenji Miyazawa.

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